El amor es el muchacho que ardía

El amor es el muchacho que ardía.
De repente, el cielo mandaba tormenta
y agua por cuatro horas y siete días.
Aquel muchacho se hallaba en medio
de la colina humeando las brasas.
El amor es el muchacho que ardía
cuando alguno de los ángeles pasaba
lanzando rayos y truenos en su centro
para que el ardor comenzase de nuevo.

Y entonces, el amor era el muchacho
que ardía y la llama infinita
e incandescente en la que se consumía,
la que no se extinguía. Porque
el amor es el muchacho que ardía
y ardía, se apagaba y resurgía.