En mi barrio, la luna

En mi barrio,
la luna se pasea por todas las azoteas.
Es como uno de esos felinos de las arenas.
Podría vivir en un desierto y no sentirse
amenazada. Soporta cualquier temperatura,
sin buscar ojos que la miren y simula que
nunca crece. Pero lo hace y es tan escurridiza
que entra a los hogares y deja mensajes en las
almohadas, enredados entre el pelo y el pensamiento.
Antes de salir, se tapa las orejas para protegerse
del viento. También, canta nanas a su camada
de estrellas hasta que maduran y arden fugaces.

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