Veranos de recuerdo

Sobrevuelan tres gaviotas las tumbonas vacías. La arena responde súplicas de la marea. A su llegada, caen plumas a vaivén, la intimidad supera el abrazo y sonroja a las aves sobre ellos. No es posible marcharse donde el verano siempre queda.

En los andenes del río

El cardo quiere bailar, por bulerías, cuando las campanas repican. Anhelan levantar, a vuelos, espinas. Las flores capean los sones del aire. Doblan sus corolas, por alegrías, hasta sus raíces. La luna marca el fandango clavando doce estrellas en los andenes del río. Zapatea carantoñas, llenando su paso de besos plata canela en flor.