El poema es un felino

El poema nace con la curiosidad de un gato.
Desde el misterio incomprensible,
aprendiéndolo en su caricia
desde el primer verso hasta el último.

El poema maúlla sonidos ilimitadamente,
con tantas peculiaridades como caprichos de voz.

El poema puede estar inducido en el sueño,
durante horas, días, meses, pero al despertar
alertan su agilidad rápidamente.

El poema tiene un punto ciego,
en la punta de su nariz.
No puede ver nada desde su centro.

El poema no soportará el agua,
caerá salada y dulcemente,
ambas le desagradarán.

El poema nace con la curiosidad de un gato
y nunca se sabe hasta dónde puede trepar.

Gema Albornoz

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