Día Internacional del Libro 2018 en el C.E.I.P. “Alonso de Aguilar”

Para celebrar el Día Internacional del Libro 2018, en el C.E.I.P. “Alonso de Aguilar“, el mismo colegio en el que cursé EGB, la coordinadora de la biblioteca escolar, Carmen Alhama Palma, me invitó a realizar un Taller de poesía con alumnos y alumnas del tercer ciclo de Educación Primaria: un grupo con dos clases de quinto y otro, con dos clases de sexto.

Salón de actos del colegio.

Además de esa regocijante sensación de volver a recorrer los mismos pasillos de pequeña, compartir el día con aquellos dos grupos ha sido muy especial, por lo memorable del día. Tener la posibilidad de acercarlos a la lectura de poesía, de darle a conocer lo que hago y de disfrutar durante todo el proceso, mientras estamos fomentando la lectura, es algo que tengo que repetir.
Tras el agradecimiento por mi visita por parte de la directora del centro, Rafaela Morillo y la presentación por parte de Carmen Alhama, de la significativa fecha, comencé con el primer grupo: los dos quintos.

Durante la presentación. Foto: Carmen Alhama.

Me dispuse a recitar un microcuento, Cenicienta, un poema con mucho ritmo, El lobo y los tres cerditos y uno acerca de la diferencia, Lo sé, ¡soy diferente!, ya que los tres tenían ritmos muy diferentes, les expliqué la importancia del ritmo en el poema y en su lectura. Jugamos a leer algunos poemas, para ello escogí algunos cortos, de los publicados en DIGO.PALABRA.TXT y El poema es un felino. Les entregué unas hojas plastificadas con estos poemas, que deberían pasar a su compañero de la derecha tras terminar de recitar un verso.

Continué explicándoles mis experiencias en la lectura, la escritura y leí unos poemas que hacían referencia a Aguilar, nuestro pueblo, y otro, de un lugar donde nunca he estado, pero que conocí a través de una fotografía. Para finalizar con la lectura de mis poemas, lo hice con algunos poemas tristes, les expliqué su origen y lo que escondía cada uno de ellos. Las claves para entenderlos y pudieron ver la importancia de cada uno de sus versos.

Durante las actividades.

Finalmente, los reté a crear su propio poema. Estaba claro que era una tarea difícil, así que les facilité diez palabras con rima para que construyesen el poema, sin límite de imaginación. Los resultados son muy interesantes y comprobaron que lo esencial en el poema era cómo romper esa forma de pensar sólo de una manera. De hecho, de cada actividad elegiré los tres que más me gustaron y desde la biblioteca escolar se les recompensará.

Durante las preguntas. Foto: Carmen Alhama.

Tras eso me hicieron muchas preguntas, tantas que algunas se quedaron sin responder debido a que se agotaba el tiempo, el timbre para el recreo sonó en ese momento.

Con el segundo grupo, hicimos cosas muy parecidas, aunque en otro orden y añadiendo alguna actividad diferente. En esta ocasión, no leí los poemas tristes y preferí leerles los relacionados con el amor, así que pude explicarles cómo habían surgido a partir de leyendas o de alguna ley científica.

Durante las actividades. Foto: Carmen Alhama.

En este grupo también se crearon poemas, además deberían dibujar aquello que les transmitía uno de mis poemas llamado Canción de luna.

Durante las actividades. Foto: Carmen Alhama.

De nuevo, una lluvia de preguntas, tantas que se alargó el tiempo, no querían irse de allí sin un autógrafo, libretas de clase, folios y hojas con actividades del día en las que intentaba firmar con la mayor rapidez.

Me despedí de cada grupo muy feliz, sabiendo que había conseguido que dieran el primer paso para conocerme a mí y a la poesía, en general, aunque, quizás, el primer contacto más directo fuese con la mía. Espero, y deseo, que les ayude en muchas ocasiones y este día lo recuerden de manera tan especial como lo haré yo.

 

Les animé a encontrar un libro en el que quisieran quedarse y a guardar sus instantes preferidos de forma escrita, o en aquella forma en la que lo sientan.


Porque la creatividad no tiene límites.
Porque la poesía no tiene edad.
Porque es saludable para la imaginación, la lectura.
Porque es saludable para la mente que la imaginación crezca y los límites desaparezcan.
Porque con las palabras se pueden crear fórmulas mágicas.
Gracias a la coordinadora del taller —y al colegio— por regalarme una pluma para mis alas y unas hojas en blanco para continuar escribiendo.
Muchas gracias, chicos.
Muchas gracias, chicas.

P.D.: Las actividades seleccionadas aparecerán en otra entrada.

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