El Rey de la Corona de Plástico

Hubo un día señalado
que el Rey de la Corona de Plástico
se situaba tras las murallas de palacio,
se pintaba con tizne y se vestía de harapos.
Incluso sabía que en sus bolsillos no podía
llevar más de cuatro o cinco perrillas.
Paseaba por el mercado y visitaba la Plaza,
daba vueltas a los colegios y a los maestros
de escuela por encima de sus gafas.
Miraba a los niños de cerca y cerca se sentaba
con cualquier impreso de la biblioteca.
Sonreía abiertamente mientras unos tiraban piedras,
otros jugaban con rayas y las ardillas del árbol saltaban.
Hubo otro día que el Rey quiso volver rápidamente
a su casa. Ya ni le quedaban monedas; ni mendrugos a migajas,
ni a hogazas; ni para crear escuela, paciencia que le sobrara.

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