Dos mil y una razones

Chaplet. Foto: Pexels. CC0 Public Domain.

Al caminar por el suelo
sólo te queda abrazar el cielo, dicen.
Nadie ve las entreplantas en el suelo,
los pozos rellenos de agua
cuando te tiran como moneda de la suerte.
Nadie cuenta los túneles excavados por tu propia pala,
adentrándote a la búsqueda de la roca madre.
Porque en esa zona, sabes de sobra,
de la inexistencia de piedras preciosas.
Y ella, la base rocosa
—tu parte inorgánica—
es tu única búsqueda
—y tu tesoro.
Dicen que abrazar el cielo
te hacer sentir libre.
¿Y pájaro?
Todos son aves del paraíso en el aire
¿y en la tierra?
Aquí no hacen acrobacias,
pero saltan, cantan y cuelgan sus plumajes.
Se aparean y hacen hogar.
Y siguen siendo libres.
Al caminar por el suelo
sólo te queda abrazar el cielo, dicen.
Quizás las dos mil razones
de caminar en la oscuridad
no tengan nada que ver.
Hay dos mil razones para caminar
—y volar— a oscuras.
Hay una sola razón para buscar la luz:
disfrutar del cielo—y tierra—por delante.

Gema Albornoz

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Licencia Creative Commons
Esta obra de Gema Albornoz está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://emocionesencadenadas.com/.

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