MNR 888. PARTE 2

Airport. Foto: Thanapat Pirmphol. CC0 Public Domain.
Airport. Foto: Thanapat Pirmphol. CC0 Public Domain.

 

“MNR, Policía Benítez, después de seis años, sigue siendo MNR. 888, mi querida y estimada policía, tras este tiempo, sigue siendo, 888” —solté la nota tras haberla leído en voz alta, me pareció un jeroglífico del que no entendí nada. Por la cara de la policía todo indicaba que ella era Benítez.

—Dígame, Aurora, ¿cómo consiguió este maletín y esta nota? —me gritó golpeando la mesa, aunque corrigió su tono a final de la pregunta cuando vio el sobresalto que di en la silla.

—Como expliqué en su momento, un señor alto en el metro me lo pidió. Lo único que recuerdo bien de él es que tenía la raya del pelo a la izquierda y un mechón de pelo canoso.

— ¿Eso es todo lo que puede decirme una diseñadora como usted? —inquirió con guasa.

—¡No soy diseñadora! ¡Soy ilustradora ¡¿Conoce a Paula Bonet, Amaia Arrazola, Ana Belén Rivero, Ana Oncina, Bea Tormo o Esther Gili? ¡Podría seguir porque hay muchas más! Sólo estoy comenzando y quiero seguir por donde ellas han ido abriendo puertas, por donde han roto muros para ceder paso a chicas como yo.

 

14:00 Puerta del Sol Madrid.

—Sí, llego en unos cinco minutos. Chocolatería de San Ginés, como siempre. Ya sé cómo te gustan esos churros. No te preocupes que nos atenderán. Nos conocen de sobra y da igual la hora a la que lleguemos. Sí… Ajam. Estoy en Puerta del Sol y cada vez más cerca, ya casi veo el letrero de la Chocolatería. Corto, hasta ahora. Tras colgar el teléfono, se lo introdujo en el bolsillo de la gabardina negra. La cual le hacía parecer un look tipo Neo de “Matrix” aunque a él no se le ocurría llevar una tan larga. Tras sentarse en una de las mesas alineadas en la pared, justo al lado de la entrada, se acercó un camarero calvo, con un batín blanco y pantalón negro.

—Señor Levi, ¿le sirvo lo mismo de siempre?

—Sí, gracias. Cóbrese ya. No necesito cuenta y quédese con la vuelta, por favor —le indicó sonriente dándole un billete de diez euros.

—Muchísimas gracias, Señor Levi. Ojalá todos los clientes fuesen como usted, vuelvo en un momento con su pedido, bien servido —se marchó rápidamente. El camarero se abrió paso, a voces, en la cocina pidiendo la comanda de su cliente.

 

14:00 Oficina de Objetos Perdidos Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid- Barajas. Terminal 4.

—Esto no tiene sentido, Benítez, pregúntate por qué esa mujer con piel clara y ojos expresivos está retenida y no está detenido alguien que pueda tener auténtica cara de sospechoso. Esa chica parece no haber pisado una hormiga en su vida. No habrá matado ni una mosca.  ¡Nos han dado calabazas de nuevo! —terminó gritando Rodríguez, anunciando su enfado por la situación, mientras mirábamos por la ventana a nuestra detenida.

—Rodríguez tiene razón, Benítez, no creo que esa chica sea culpable de nada, ha sido como un vehículo de segunda mano para hacer llegar hasta nosotros esa maldita nota, mejor dicho, para hacerte llegar esa nota—carraspeó Loreto mientras miraba de un lado al otro negando la situación.

—Me haré cargo, se lo comunicaré al Comisario y además me encargaré de la retenida. Me aseguraré de recoger toda la información posible, de que comprobar que llega sin problemas y que no está demasiado enfadada como para presentar una denuncia por este error —aseguré levantándome el flequillo con la mano derecha y soltando un suspiro mientras cogía algo de fuerza para lo que me caía encima.

 

17:30 Santa Cruz de Tenerife. Calle Rambla de Santa Cruz.

 

—No era necesario que me trajeras hasta aquí. Marta ya te dije que no os iba a denunciar, aún puedo tutearte, ¿verdad? —le dije inoportunamente.

—Sí, claro. Sigue en vigencia ese permiso. Prefiero asegurarme de que nuestro sospechoso no se acerque a ti, podría identificarte. Eres la única persona que lo ha visto, debemos agradecerte el magnífico retrato robot que conseguimos con tu descripción tras unas horas con uno de nuestros expertos —de nuevo sonaba su voz como un hilo musical para mis oídos, meloso y hondo, uno en el que me dan ganas de enredarme. Me mira muy fijamente y descubro que tiene ojos azabaches

—¿Aurora, se encuentra bien? —me pregunta con cara desencajada.

—He perdido un poco el norte, creo. Casi estoy en casa. Estaré bien. Bueno… nos vemos. Intento despedirme lo más rápido posible mientras cruzo el portal número 149.

—Espera —me dice mientras saca algo de su bolsillo de atrás —esta es mi tarjeta personal, aquí vienen todos mis números, llámame si ves algo sospechoso, si tienes alguna duda o si necesitas.

—Perfecto, mil gracias —son las tres únicas palabras que pudieron escapar de mi boca antes de que la perdiese de vista.

 

—Son ya las siete y media — en la última hora y media había mirado innumerables veces el reloj —no va a pasar más rápido pero no me fio, no veo el momento de irme. ¿Y si aparece por aquí? Ella está totalmente indefensa ante una mente que nos la ha estado jugando durante seis años —a él no se le ocurrirá como a ti plantarse hasta aquí para tener que volver inmediatamente — Bueno, tiene mi tarjeta, te llamará, Marta. Te llamará…

 

 

23:00 Comisaría de Distrito Madrid Chamberí

—Marta ven a mi despacho inmediatamente —sonó la atronadora voz del Comisario, mi padre tenía que ser.

—Comisario le he dicho que aquí no me llame Marta, si no le importa llámame Benítez como todo el mundo —en un par de zancadas atravesé el despacho y me senté frente a él —¿es por la enorme metedura de pata? Ya me encargué de la retenida, está en su casa, ahora mismo, sin noticia alguna. El caso es que…

—El caso es que ¡nada! —interrumpió bruscamente, ya es hora de que esta comisaría olvide ese caso. Quizás sea el momento de cerrar el tema. Tienes una semana si no aparece nada nuevo, archivo todo lo que se refiere a él, ¿entendido? —insistió con contundencia.

 

23:00 Santa Cruz de Tenerife. Calle Rambla de Santa Cruz 149.

—¿Es Aurora Abreu? Tengo un paquete urgente que entregarle —me dijo— Es la segunda puerta izquierda, ¿verdad?

—Sí, suba —le dije poco convencida y pulsé el botón del portero ¿Un paquete a estas horas? Abrí la puerta del piso y allí estaba el señor alto con el mechón canoso con una gabardina gris y sonriente de haber conseguido lograr lo que quería. Cuando intenté cerrar la puerta, era demasiado tarde, una bota se interpuso.

 

Continuará…

 

 

Enlace: Blog:
Enlace:http://flemingbit.wixsite.com/tallerliterario Blog:http://flemingbit.wixsite.com/tallerliterario/masticadoresdeletras-2

 

FlemingLAB Taller de Escritura &Audiovisual /III CURSO DE ESCRITURA CREATIVA / J CRIVELLO.

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