Frutos del sembrador

Cuando la semilla cae en tierra fértil,

las espigan pueden dar grano al ciento,

al setenta y al treinta por uno. Pero es

buen fruto.

Aun sin conocer los secretos del reino

tengo de sobra.

Ver y escuchar. Oír y entender.

Mi corazón está gozoso.

Bendita la hora del reloj,

los seis días de la creación

y la familia que me dio.

Felices mis ojos por lo que ven

y mis oídos de escuchar lo que oyen.

Te aseguro que si prestas atención

nadie arrancará lo sembrado en el corazón.

Aunque en ocasiones, demasiadas e inesperadas,

hayan germinado el trigo y la cizaña juntas. Una

al lado de la otra, Y permanezcan juntas hasta

el tiempo de siega. Me regocijo de la cosecha.

Aun siendo la semilla más pequeña de todas.

Aun viendo la lluvia caer y las tormentas azotar.

Incluso aunque el viento no amaine. Veo los pájaros

posarse en vosotros. Y miro al cielo agradecida por las espigas

que están y las que cayeron. Todas han dado buenos frutos.

La mañana de mañana llegará y seguiré dando gracias.

Quien quiera entender esto, que lo entienda.

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