La salvación

Suelto el hilo del tiempo que he querido sostener.

Sueño despierta y confío en lo que vendrá, en enceder las luces cuando todo se apaga

y queda en silencio. En sentarme a la mesa y que haya un trozo de pan para mí.

No tengo mucho, porque nada es mío.

No es que no la recuerde, es que no la olvido. Por ese motivo, la dejo ir.

Y ruego por su felicidad.

Las horas en mi reloj cuentan pequeñas historias que vivo cada día: cómo mi mano puede coger esta taza,

sin llevarla a la boca, aún.

Agradezco vivir en el mundo real cogida de tu mano, las fotos del salón, mis límites y tu horizonte.

Imagino saborear un millón de atardeceres y que me despierte la primera luz del día.

Voy a dejar que suceda.

Otro día.

Tu presencia.

Y seguir adelante.

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