La canción dormida
La canción duerme. Antes de alcanzar el sueño sonó de fondo y dio un paso al frente, sólo para ti. Su baile de espuma fue, durante unos minutos, tu mejor respuesta a la futilidad del día. La canción se dormirá, sólo para ti.
La canción duerme. Antes de alcanzar el sueño sonó de fondo y dio un paso al frente, sólo para ti. Su baile de espuma fue, durante unos minutos, tu mejor respuesta a la futilidad del día. La canción se dormirá, sólo para ti.
Cantad al sol que no baja para que no cierren los ojos. Tapad aquellos que miren lunas lejanas donde no soñaron pisar. Traed a quien camine cualquier senda con los ojos cerrados y las manos abiertas. Recibid de la misma forma lo que no llega pues vendrá a los mismos ojos y manos.
Algunos forman juicios, otros los hacen. Y mientras tanto, las sutilezas de la invención satisfacen a ambos.
He contado las horas con granos de azúcar. Han sido absorbidos por el vacío bajo el embudo. Al desaparecer se han amontonado como materia incontable, al igual que el tiempo. Aunque mucho más dulces en cualquier palma.
Los flamencos de la charca estiran picos y zarpas. Cuando suenan las estelas, cuando las estrellas cantan. Adornan sus plumas de picos, de farolillos sus faldas. Sus patas se tuestan al sol, lunares saltan de sus uñas esmaltadas. Los flamencos están de feria y al sacudirse el agua bailan. Los flamencos de la charca estiran… Leer más Los flamencos
Lleva en el bolsillo el hacedor de su destino. Un rostro plateado y un anverso para el sorteo temporal de sus horas. Gema Albornoz
Llamó a un rostro y una voz lo persiguió al olvidarse de él. Quiso entonces olvidar el cuerpo y al mirar las yemas de sus dedos florecía como alma nueva. Quiso ver sin necesidad de abrir los ojos. Quiso saber sin necesidad de ver. Lo único que conservó de ella fueron los otoños, las semillas… Leer más Quemazón
La próxima vez que me mires recordaré las lluvias imprevisibles que sorprenden cruzando algún paso de cebra. Te hacen acelerar hasta llegar al sueño más próximo. Como si ambas llegasen a tiempo. Como si mi cuerpo y la tierra las llamasen.
Llega la noche con el mismo impulso del pájaro al nido. Corre intrusa huyendo de un mar estelar, deseosa de volcar sus plumas sobre las criaturas áureas necesitadas del celeste sobre sus cabezas.
El sistema montañoso perfilado por mis posos de café recoge los reinos que habitan en mis labios mientras los poso sobre la porcelana. Allí transcurre el día: suenan campanas, coches aceleran, niños gritan, ventanas se abren, puertas se cierran, sillas se mueven, suelos crujen, cortinas ventean, palabras vuelan a los tejados, reverberan cantos varios, zancadas… Leer más Canon de un día
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