Quemazón

Llamó a un rostro
y una voz lo persiguió
al olvidarse de él.
Quiso entonces olvidar
el cuerpo y al mirar
las yemas de sus dedos
florecía como alma nueva.
Quiso ver sin necesidad
de abrir los ojos. Quiso saber
sin necesidad de ver. Lo único
que conservó de ella fueron
los otoños, las semillas
de lo caduco y dos luceros
sellados en su propio ardor.