Jesús Luna Torres y Diario de un Quetzal

Aguilar de la Frontera, mi pueblo, era partícipe de la presentación de Diario de un Quetzal cuando, el sábado pasado, día 21 de diciembre, Jesús Luna Torres en el Molino del Duque con un santuario de origen maya y una compañía inmejorable ofreció a los presentes anécdotas, costumbres, olores, texturas y objetos del otro lado del océano. Junto a él Carmelo Jiménez, de la Agrupación Ecologista “Soña”, Paqui Herrador, Concejala de Educación, Juan Pablo Bellido, Decano del Colegio de Periodistas de Andalucía en Córdoba y corresponsal para Diario Córdoba en Montilla y Miguel de la Quadra Salcedo muy presente, tanto en imágenes del salón, como en palabras de cada uno de ponentes.

Momento de la presentación. Foto: Gema Albornoz.

Jesús Luna, el ceutí, autor del libro y jefe de campamento, gran comunicador o «encarnación de lo que significa la educación», como lo caracterizaba la edil. El guía, referente o «faro» de «la ruta Quetzal», según confesó Juan Pablo Bellido. Esa «experiencia que a mí me cambió la vida», Bellido apuntó entre anécdotas y risas de todas esas rutas compartidas como expedicionario con Luna, recordando a los más de diez miel jóvenes que habían pasado por el programa.

Luna fue el encargado de planificar las expediciones y en esta ocasión ha reunido en el libro Diario de un Quetzal, un número de anécdotas de estas experiencias, «el gran referente de la ruta Quetzal, junto con Miguel de la Quadra Salcedo, creador del programa, para los jóvenes», según explicaba Bellido. Asimismo, Bellido rememoraba el día, hora y lugar, exacto en el que lo conoció y el impacto en su vida, «nos enseñó a resaltar lo que nos une y no lo que nos separa» y «nos inculcó valores para dar respuesta a muchos de los conflictos que se viven en el mundo». Como expedicionario de la primera ruta Quetzal nos contó el día que comenzó, un 22 de agosto y cuando terminó el 10 de octubre, entonces, con 450 chicos, de 50 países, quienes recorrieron España y cogieron un barco hasta el otro del Atlántico en el que se incluían talleres académicos, deportivos y de aventura.
Para Jesús Luna, autor de Diario de un Quetzal, actualmente, sufrimos un «empacho de bienestar», la diversidad no es posible conocerla si uno no sale de su entorno, de su sociedad, de su cultura. Allí mismo tuve la oportunidad de aprovechar unos minutos previos a la presentación para que compartiese un poco más acerca de sus experiencias.

Cada cultura ha buscado una respuesta muy diferente a sus dificultades.

¿Cómo se descubre uno a través de otras culturas, Jesús?

Viajando, uno tiene que salir de su cultura, tiene que salir de su entorno para conocer la diversidad. La diversidad no es posible conocerla si uno no sale del lugar donde tiene sus costumbres, donde tiene su sociedad, donde tiene su familia. Hay que salir, hay que viajar. Los griegos ya lo hacían, desde el principio, la experiencia para los griegos era viajar, si tú no viajabas no podías tener experiencia y la experiencia es fundamental. Y viajando es como se conoce a los demás, es como se conoce lo diferente, como se enriquece uno de lo demás y sobre todo como uno se tiene que abrir al mundo. Es decir, tú no puedes ir a otro sitio sin intentar aprender un lenguaje, sin intentar aprender unas costumbres. Eso es un acto, un ejercicio mental que te ayuda a desprenderte de los prejuicios. Tenemos la tendencia a sentirnos como que somos la cultura, o como que somos los que tenemos la verdad y que las cosas se hacen de una forma, que es como nosotros hemos aprendido a hacerlas, pero eso no es así. Porque cada cultura ha buscado una respuesta muy diferente a sus dificultades.

Así es. Justo con esto te adelantas a dos de mis preguntas. (Risas)

No somos capaces de soltar ese etnocentrismo. Como el etnocentrismo es creerse el ombligo del mundo tenemos los problemas que tenemos, porque consideramos que otra cultura es inferior o que otro tipo de persona es inferior cuando eso es absolutamente una falacia. Es decir, tenemos capacidades las mismas; sueños, los mismos; inquietudes, somos seres humanos y todos queremos mejorar y todos queremos avanzar y todos queremos unos recursos para poder seguir viviendo y esa es la naturaleza humana. Y eso es lo que impulsó al hombre a salir de África y a conquistar toda Europa, Asia y la Polinesia. Entonces, creo que hay que reflexionar mucho sobre ese tema. De un tiempo a esta parte hemos caído en la tentación de creernos que estamos por encima de cualquier sociedad, de cualquier cultura, porque económicamente tenemos mejores recursos o estamos mejor posicionados y eso es un engaño. Esas culturas tienen mucho que enseñarnos. Tienen mucho recorrido histórico, han dado soluciones a problemas que nosotros tenemos ahora, por ejemplo, como el medioambiente. Estamos ante una emergencia climática y nadie habla del mundo indígena y a mí me parece absolutamente sorprendente.  Cuando ha habido sociedades indígenas que respetan, que son sostenibles, que cuidan de la naturaleza en una simbiosis total. Buscamos soluciones en la cumbre del clima, por ejemplo, y no nos damos cuenta de que tenemos un claro ejemplo ahí. Unas personas que viven ahí, en unas culturas que son esas culturas ancestrales que tienen soluciones, que tienen respuestas.

Estamos ante una emergencia climática y nadie habla del mundo indígena y a mí me parece absolutamente sorprendente.  Cuando ha habido sociedades indígenas que respetan, que son sostenibles, que cuidan de la naturaleza en una simbiosis total.

A nuestros problemas…

A nuestros problemas, pero seguimos creyendo que somos superiores y que vamos a hacer algo mágico para solucionar esto. Lo que hay que empezar a pensar es cómo es nuestra cultura, cómo es nuestra sociedad y cómo nos relacionamos con el medio. Y si queremos seguir manteniendo un estilo de vida que es totalmente incompatible con el medio.

Seguimos creyendo que somos superiores y que vamos a hacer algo mágico para solucionar esto.

Como ya comentaba, mencionaste de pasada algo acerca de nuestra posición en el mundo. ¿Cómo crees que nos ha ido ocurriendo para que lleguemos a pensar que nuestra sociedad, nuestro estilo de vida y nuestros modelos son siempre los mejores y los más aceptables?

El desequilibrio, es decir, cuando una sociedad acumula una riqueza y acumula desarrollo a costa del resto, ese desarrollo y esa riqueza hace pensar, es un espejismo, que tú eres superior a los demás. Y sin embargo, lo único que eso manifiesta, desde el punto de vista antropológico, es que los has explotado. Realmente, vivimos en un mundo en el que unos explotan a otros. De tal manera, que el 1% de la población tiene el 90% de la riqueza y el 90% de la población tiene el 1% de la riqueza. Si partimos de ese dato objetivo, el mundo es un milagro que funcione. Porque hay un desequilibrio absoluto y ese desequilibrio tiene que ser corregido. Porque la riqueza existe, lo que está mal es la redistribución de esa riqueza. Tenemos que buscar la manera de que los países que tienen dificultades o no pueden desarrollarse, puedan hacerlo de una manera sostenible. Tenemos los recursos, las maneras y los medios para que lo puedan hacer y eso es lo mínimo que podríamos hacer puesto que estamos extrayendo todos sus recursos y materia prima. Eso les convierte en unas personas con unas enormes desigualdades y eso les empuja a migrar a cualquier país del mundo. Y ya no para vivir, sino para sobrevivir. Es una cosa absolutamente evidente que todavía nos planteamos por qué ocurre esto, por qué hay emigración, pero es algo natural, porque el mundo está totalmente desequilibrado. Y ese desequilibrio produce movimientos migratorios que se han producido toda la historia de la humanidad.  Cuando los euroasiáticos atravesaron el Estrecho de Bering vinieron de Euroasia y poblaron América. Y cuando salimos de África igual. Nuestra historia es una historia de migraciones, una historia de intercambio, de convivencia, de compartir. Ahora lo que queremos hacer es como una especie de feudos, como unos apartheid, y aquí no puede entrar nadie porque aquí estamos nosotros y nosotros somos los que dominamos. No, no ha sido así. Y si no compartimos, la humanidad, evidentemente, colapsará. Porque no hay una redistribución. No se puede tener ni todo el poder, ni toda la riqueza, ni toda la energía concentrada en una población y hay que cambiar de estilo de vida y tenemos que pensar de otra manera. Ese cambio de mentalidad es la única opción para poder seguir sobreviviendo en un planeta que está absolutamente agotado.

Ese desequilibrio produce movimientos migratorios que se han producido toda la historia de la humanidad.

Antes también has comentado algo sobre las raíces. ¿Qué raíces compartimos a un lado y al otro del océano?

Todas. Miguel de la Quadra decía “la historia de América no se puede entender sin la historia de España”. Nosotros hemos sido la única cultura que nos hemos mestizado, a todos los niveles. Una parte de nuestra historia está imbricada, está relacionada íntimamente con América y América, también, con nosotros. Te voy a poner un ejemplo, la gastronomía, simplemente. Todos nuestros platos son americanos. Sin el pimiento, las patatas, el tomate, el gazpacho no existiría. Nada. No tendríamos nada. Hay que estar enormemente agradecidos a ese continente que tuvimos la suerte de descubrir y que nos ha aportado tanta vida, tantos recursos y ser más generosos. Ellos nos brindaron esa oportunidad y hay que pensar que ellos son parte de nuestra historia y nosotros de la de ellos. Son como nuestros parientes. Cuando viene alguien de América a verme, le digo a mis hijos “Han venido nuestros parientes de América”, “Papá, pero si no tenemos parientes en América”, me dicen. “Sí, son nuestros parientes”, les digo “Porque son personas que se han mestizado, que tienen nuestra cultura y que se han mestizado con las culturas precolombinas que eran egregias, que eran muy, muy avanzadas. Tenían agua potable, tenían sistemas astronómicos, tenían recursos que manejaban con sostenibilidad y que utilizaban de una manera racional. No había especulación. Ellos funcionaban de una manera sostenible. Hasta algunas se desarrollaron ampliamente y colapsaron, como la Maya, por ejemplo y otras en otras latitudes. Pero en general, sus sistemas siempre han sido muy respetuosos y han sido muy equilibrados. Han relacionado a la naturaleza con una forma de vida a la que hay que respetar, no expoliar. Y ese es el principio fundamental que hay que aprender de un indígena. La naturaleza no se expolia, no se extrae, se saca todo y se deja morir, sino que hay que tratarla como un ser viviente que es y equilibradamente. No podemos extraer el máximo de las cosas, maximizar los recursos…eso es el capitalismo absolutamente desquiciante que domina nuestras vidas. Decía Miguel “no hace falta tantas cosas para vivir”, vivimos en un empacho de bienestar. Si cuando estoy en la selva puedo sobrevivir con la mochila, con lo que tengo, con los recursos y la ayuda del grupo, a esta sociedad le sobran muchas cosas superfluas. Hay consumismo, hay que tratarlo, hay que educar, hay que concienciar a la gente de que si queremos buscar una salida y queremos esta emergencia climática trabajarla de una manera que pueda tener vistas al futuro, tenemos que cambiar de mentalidad y de estilo de vida. Este estilo de vida que nos han vendido los medios de producción y de consumismo, es absolutamente desquiciante y además, es un callejón sin salida. A este ritmo no va a haber nada que consumir, no va a haber nada. Creo que el mundo indígena es un espejo en el que mirarse y sacar lo positivo que tienen. Y eso es un poco de lo que vamos a hablar hoy en el libro.

Muchas gracias. Gracias a ti.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s