Semáforo en rojo

El barrendero acerca el huracán
con su mano, sopla las hojas
y estas se remolinean. La danza
no termina cuando se aleja. Tras
el primer impulso son bailarinas
en el escenario y estrenan cada
día una sesión. El viento curioso
se asoma y las deja bailar un instante.
Doblegará su deseo al cerrar
los ojos y cualquier viandante cruce
la calle con el semáforo en rojo.

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