El precio del amor

August Landmesser e Irma Eckler se enamoraron en 1933. Irma era judía y August aún pertenecía al Partido Nazi. Él le propuso matrimonio en 1935, pero al rellenar el documento para su enlace, según las nuevas leyes de Nuremberg, fue rechazado. La ideología Nazi no definía al judío como alguien con un sentimiento religioso particular, sino a cualquiera con ascendencia judía. Como medida, Irma cargaba con ella una acreditación con una jota roja estampada. Y como ella, todos los judíos.
August había permanecido fiel al Partido Nazi desde 1931 hasta que en 1935 fue expulsado del partido por “deshonrar a la raza”, por haber solicitado a Hamburgo la legalización de su matrimonio, por estar enamorado de una judía y querer firmar ese amor ante la ley. No era un buen momento para ello, las Leyes de Nuremberg eran estrictas y contundentes.
Investigué sobre los hechos, después de haberme cruzado en el campo de concentración con August. Me aseguró que su historia era cruelmente dura.
Todo comenzó cuando me narró cómo en el bautizo del nuevo buque de Hitler en Horst Wessel, en 1936, se negó a hacer el saludo Nazi. Me parecía increíble. No lo creía. Él que había sido uno de los camaradas más fieles del partido. ¿Cómo pudo haberse enamorado de una judía? Cuando le hice esa misma pregunta, me contestó si conocía a alguien que pudiese poner muros y fronteras al amor. Estaba claro que no. Ha sido condenado por no querer abandonar a su mujer. Condenado a permanecer aquí durante tres años. No me produce satisfacción alguna, ver a alguien con principios aquí, pero todos debemos cumplir la ley. Desde entonces, leo las cartas que se intercala con su esposa. Cada vez estoy más convencido del amor que se profesar. Cada vez estoy menos seguro en esta realidad que vivimos.
Cuando abrí el primer sobre, me pregunté si tenía la potestad suficiente para invadir la privacidad de aquellas personas, de aquel antiguo amigo y camarada mío, pero lo hago por su seguridad, por la seguridad de todos.

                                                                        Verano de 1938

Querido August,
Aún estoy en estado de shock. El día 18 de Julio de este verano que no acaba, no lo olvidaré jamás. Me arrancaron de los brazos a Ingrid e Irene. Desde que vinieron a casa tus antiguos compañeros del Partido, sabía que todo acabaría así. Estoy en Hamburgo, eso me hace sentir más cerca de vosotros. Te ruego que averigües a dónde han llevado a nuestra hija y le sigas la pista. No confíes en nadie. No confíes más en nadie. Aún estoy en estado de shock. ¿Qué hice para que me trajeran aquí? ¿Por qué me apartaran de vosotros? ¿Qué delito cometimos?
¿Me abandonarás ahora?

No olvides que mi amor es más grande que cualquier distancia que me separe de ti, y más contundente que las manos que ahora me castigan.

Te adoro,
Irma.

Dicen que el amor es gratuito, pero creo que es lo que más precio tiene. El amor puede costar una, dos o tres vidas. El amor puede destruir o construir. El amor no todo lo puede, pero cuantas más dificultades, más puro es, se vuelve tan indestructible como un diamante. Leer esta carta me hizo reflexionar sobre eso y pensar en un corazón de diamante. Mirando a mi alrededor, veo todo algo más gris. Paso la palma de la mano por los muros de mi oficina, está helada. Recorro los pasillos hasta cruzarme con esa mirada conocida. Estiro mi mano y le doy la carta de su esposa. Me retiro tras ver la leve sonrisa de August. La crudeza de este tiempo en el campo de concentración ha mellado en su fortaleza. No es el rudo hombre de rostro inalterable y ceño fruncido. Volvería a reunirme con él días más tarde cuando su respuesta estaría dispuesta a pasar las supervisiones de los mandos en el campo de concentración. La carta permanecería en mi despacho unas horas, hasta ponerla en el correo interno. Abrir algunas de ellas siempre era sorprendente. Había líneas de esperanza entre tanta miseria. Líneas de esperanza en vidas de miseria.

Invierno 1939
Börgemoor

Mi amada Irma,

Dudo que ninguno de mis camaradas delatase a nuestra familia. Ya en el momento en el que rellenamos aquel formulario de matrimonio temía que esto ocurriría. Las leyes cambian y tuvimos la nefasta fortuna de que cambiase justo cuando decidimos el paso de formalizar nuestro matrimonio. Hasta entonces, nunca habían sido tan duros. Quizás las Olimpiadas nos dieron algo de margen y por ese motivo, pude conocer a nuestra primera hija. Me apena tu situación. Te pido que seas fuerte por las dos. Uno de mis antiguos camaradas del partido es uno de los oficiales de mando en el campo de concentración, no mantenemos relación cercana, ni tengo trato de favor gracias a él, pero algunas noticias me llegan a través de él. Haciendo cuentas, pronto debes estar con más molestias de embarazo y será en Fuhlsbüttel donde nazca nuestra segunda hija. Si no me ha mentido, Ingrid se encuentra en casa de tu madre. Te ruego que seas fuerte. Ardo en deseos por abrazarte, pero tengo la certeza de que no te veré más. Te ruego que seas fuerte. Sigue luchando, por nuestras hijas y por este amor que no cesa de crecer en mí. No sé si podré soportar dos años más, pero pensar en vosotras me dará la esperanza que necesito.

Aunque la fortuna no esté de nuestro lado, lo está el amor.
Te adoro,
August.

Tuve noticias de los traslados de Irma en distintos campos de concentración, pero esto no se lo notifiqué a su esposo. No era trascendental puesto que sus cartas no necesitaban remitente alguno. Era yo quien me aseguraba de enviarlas al lugar correcto. No era demasiado trabajo pues no todos los presos del ala bajo mi mando se carteaban con sus familiares, entre otras cosas, porque algunos no tenían vidas por las que preocuparse, excepto de la suya.

Otoño 1940
Lichtenburg

Mi querido esposo,
Estoy cansada. Después de tantos y tan sucesivos traslados, he perdido la cuenta. Sé dónde me encuentro porque aquí no dejan de recordarlo los altavoces. Desde que di a luz a Irene me ha parecido ir caminando en círculos por el infierno. Paseo entre pasillos fantasmales, estoy cansada y el frío alcanza no sólo mi alma sino mi corazón. Es entonces cuando pienso en Ingrid e Irene, y en ti. Me pregunto tantas cosas al día que ya no sé qué decirte, ni preguntarte. Perdóname si en algún momento he flaqueado, sigo cuidando mi estabilidad mental y física. Debo aguantar. Debo aguantar hasta que nos volvamos a reunir todos. Quiero abrazar a mi familia y sentarme frente a una hoguera durante la cena. No dejo de soñar con el encuentro.

No dejes de pensarnos, no dejes de creernos juntos, alguna vez.
Te amo,
Irma.

Cada vez tengo más dificultad al leer las cartas. De vez en cuando, me veo en esa situación. Cada vez son más peligrosas esas letras. Debo mantener la cabeza fría y revisar sólo y exclusivamente si son correctas o si contienen información clasificada. Cada vez me gusta menos este oficio mío.

Primavera 1941
Börgemoor

Querida y amada mía,
Estoy a unos días de salir de aquí. No quepo en mí de gozo hasta que te pienso y te imagino en ese infierno del que me hablas. Sé a qué sensaciones te refieres, las tengo tan a menudo como tú. Me ha llegado una notificación de mi salida, pero me reclaman en la guerra. Por lo que pude saber, Ingrid e Irene están bien. Ingrid sigue con tu madre e Irene fue a un orfanato, puede que aparezcan personas que la adopten, pero siempre será nuestra pequeña. En cuanto salga, y se me permita, haré todo lo posible para recuperarla. No les perderé la pista a ninguna de las dos. También yo, sueño con el encuentro familiar y una noche apacible.
Queda en paz, querida, seguiré luchando para mantenernos unidos.

Te amo,
August.

Me pregunto cómo se lo voy a decir. Después de haber leído su intercambio epistolar sé el amor que se tenían. Lo sigo viendo como un antiguo camarada, su único error ha sido enamorarse de la persona equivocada. Tengo que darle esta carta, esperar unos días y comunicarle que su esposa ha fallecido. Salió del campo de concentración en el que nos reencontramos, pero seguí siendo el oficial adjudicado para revisar su correo. Aún hoy, que está en la guerra luchando en nuestro bando.

Febrero 1942
Ravensbrück

Mi queridísimo y amado esposo.
Acaban de anunciar que me trasladan, por los altavoces han vociferado mi nombre y me han avisado que me traspasan al Centro de Eutanasia de Bernburg. Me temo que los rumores son ciertos. Quizás esté en sus listas para ser una de las siguientes. Cuando escuché mi nombre me vi muerta, pero enseguida limpié esa imagen al pensar en vosotros alrededor de una mesa llena de platos de sopa. No sé qué será de mí. Cuida, aunque sea en la distancia, de nuestras hijas. Cuida, aunque sea en la distancia, de todo este amor que te tengo y te envío ahora.

Te amo y te amaré,
Irma.

Fue en octubre de 1944 cuando me llegó la notificación del Batallón 999 de Infantería en la que en la lista de difuntos de guerra veía al nombre de aquel camarada mío: August. Murió en las heladas y ásperas tierras croatas, luchando por el Régimen que había truncado la felicidad de su familia. Me volví a preguntar por el precio del amor y seguí sin estimar cuántas vidas podía costar.

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FlemingLAB Taller de Escritura &Audiovisual /III CURSO DE ESCRITURA CREATIVA / J CRIVELLO.

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