La mirada de nadie —SALTO AL REVERSO

La punzada continúa. Y se encoge. Filtra el dolor, ahora, caricia. No hay preguntas, ni intrigas sobre el origen. El banco —su cama— lo protege del mundo. Cae brazo al suelo, roza el caos. Sale al exterior. La mirada de nadie lo alude. Vuelve al calor, barrotes sobre su piel.

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