Reseña de «Cielo de hojalata» en Odisea Cultural — Manuel Guerrero Cabrera

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Os traigo la reseña que Manuel Guerrero escribió en Odisea Cultural. Una nueva lectura y una nueva vida para las páginas de Cielo de hojalata. ¡Muchas gracias!

Madre,
cambio el orden del mundo
si cada mañana sujetas la cuchara
como antes sostenías los segundos.

Con «madre» en función apelativa, sabemos a quien están dirigidos estos versos, así como lo que se pretende con ellos («cambio el orden del mundo»); sin embargo, y sin pretenderlo, es el mundo el que suele sacudir nuestras circunstancias, como sucede en este poemario con la pérdida de la madre, aquella a quien la poeta se ha dirigido en el fragmento que inicia este escrito, aquella cuya ausencia es el motivo unificador del libro Cielo de hojalata de Gema Albornoz (Aguilar de la Frontera, Córdoba, 1979).

La obra se divide en cinco partes: «Cielo de hojalata, «Ciudad Hoja», «Ciudad Lata», «Señales» y «Última estación». Según un original índice (denominado «mapa») situado hacia el final del libro, cada una forma parte de la estructura o de la forma de una lata de manera descendente, de tal modo que «Cielo de hojalata» se identifica con la parte superior o la tapa, y «Última estación» con la inferior o la base y, por consiguiente, cada una hace su aportación esencial al conjunto.

«Cielo de hojalata» es el primer poema y se traduce en una invitación a abrir este libro-lata para conocer su contenido:

El cielo de hojalata
sabe de árboles talados,
ancianos solos,
niños perdidos y brujos sordos.
Trabajadores sin corazón,
corazones sin trabajo,
articulaciones oxidadas
y óxidos articulados.
Obra en la ciudad de rama
y en la de chapa. Establece señales
por la que fluir hasta
el destino por venir sin fin.

En contraste, el segundo poema, «Cielo de hojalata II», se centra en la materia de la que está hecha la tapa: el acero, las nubes, esperanzas… O de recuerdos, como sugiere el poema «Ubicación» que completa el tríptico inicial de esta obra y que parece una suerte de bisagra hacia la siguiente parte, «Ciudad Hoja»: «Donde se enseña a no olvidar. / Donde se recuerda el olvido/ y se olvida recordar».

Así, en «Ciudad Hoja» la poeta expresa recuerdos («Recorrido de un recuerdo» es, además, el título del primer poema de este apartado, en el recuerdo sobre cómo se recuerda) y en «Ciudad Lata», se centra en lo que la madre y la poeta van olvidando o están olvidando:

Aprender cada día
cómo coges la cuchara,
cómo das pasos minúsculos,
[…] Y olvidar lo aprendido cada día.

Y sus circunstancias:

Hay una grieta profunda
en la que caen menajes
de encima de tu cómoda:
cremas, povidona yodada,
suero fisiológico y Nenuco.

Sobre la cuarta parte del libro, «Señales», ya avisó la poeta en el primer poema del libro que encontraremos poemas que fluyen hacia el destino final, o sea, que aparecieron con la facilidad de lo cotidiano del dolor, y en los que encontramos algunos de las mejores creaciones del libro, como «Lapsus de las nubes de plata» (con cuyos versos hemos abierto esta reseña), «Caer rendida al sueño», «Pesadilla en el pasillo» o «+Cuidado».

Finalmente, «Última estación», nos prepara para el final inevitable; primero con una serie de poemas que sugieren un dolor crudo, con un remate final de gran expresividad (y que trae el eco de otras poetas cordobesas, como Juana Castro o Ana Patricia Moya); y, después, con una claridad admirablemente emotiva:

Cuando ella se va,
viene la primavera,
porque quiere dejar
a las flores aquí,
a mi vera.

Cielo de hojalata es un libro lleno de efectos personales poéticos, del testimonio poético de cómo cambia el orden del mundo para Gema Albornoz, pues al dolor, a la ausencia de la madre, sigue el nacimiento de este libro-lata que no se vacía, pues está repleto de versos con mucha sustancia que hay que destapar.

Madre, cambio el orden del tiempo,
del universo, del mundo,
si comenzases los días como antes sostenías
los segundos.

Reseña: Manuel Guerrero
Obra: Cielo de hojalata, Gema Albornoz, Ed. Versátiles, 2021.