Tocar el domingo 

He dibujado en el techo un croquis sentimental.

Para no perderme,

para no mentirme.

Baila la dama del viento

y toma espacio en su abrazo

a la luz que entra por la ventana.

La luna nueva busca

expulsar su sombra

en el suelo,

para desterrarla.

Lloran,

de cara a la pared,

las lágrimas.

La persiana

filtra la claridad

donde el día nos ciega.

Dispara directamente

a los ojos.

No buscan protección,

y prefieren que les atraviese

esa ceguera,

a buscar una mano

que tome lugar

por encima de ellos.

Llenar el vacío,

ese que llama a tu puerta.

Levantarse del sueño

para tocar el domingo.
Gema Albornoz
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