
Hacia adelante.
No me encuentro
en el reflejo
de ese espejo
no colgante.
Y entro en la habitación
tan realista decorada.
Parece que me pierdo
pero me encuentro
en el patio,
no en la sala.
Ese espejo frente a mí.
Parece que he nublado
mi vista; caminar como un pato
esquivando los huecos pintados
en el suelo en dimensiones dispares,
no es lo esperado.
Zona áspera y oscura,
que al caer me raspa.
Tropiezo y me tumbo.
No es lo mismo.
Miro arriba
y todo cambia.
Gema Albornoz
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Basada en una obra en https://emocionesencadenadas.wordpress.com/.

Me encantó, Gemis. Tu poesía me llevó directo a la infancia y a un juego con más imaginación que elementos. El juego consistía en recorrer una habitación mirando un espejo que se sostenía debajo del mentón. Por lo tanto, la única referencia era el cieloraso. Los tropiezos se sucedían para alegría y risas de los demás jugadores. 😀 😀
Besosssss
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Parece que los lazos con la infancia en mis poemas son algo de lo más común. 😀 No conocía ese juego concretamente, pero habré jugado a otros parecidos, no en la forma pero en obstáculos.
Eso de que la mente te haga clic con una foto…pues eso…
Un abrazo fortísimo, Vero.
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Bello escrito Gemis, gracias por compartilo!
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Gracias, Irlanda.
El placer es mío si lo disfrutáis. ^^
Un abrazo.
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Una buena, poética y feliz salida, Gema … voy a intentarlo
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😀
Feliz viernes, Enrique.
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Ese cielo… nos observa y nos consuela. Precioso Gema.
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Me cautivó ver ese cielo, también todo lo demás. 😀
Lo intento hacer cada día. 😉
Gracias, Brenda.
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A ti 🙂
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