Su mesa

Sobre su mesa reposaba
el orden del mundo. La dualidad
del universo, la pasividad y su fragancia,
el cielo y la acción; la abundancia de la pasión,
de la tierra, del agua, de la luz y la oscuridad.
Y también su decadencia.

Quise acercarme. Ver de dónde surgían,
cómo nacería su caos. En cambio,
tan solo pude ver un ramo de flores,
un jarrón rojo y una taza de café.

La así como invitación.
La degusté alargando el sabor
almendrado del café o de sus ojos.
No recuerdo bien.