PODÉ las ramas
de mi olivo.
Se me olvidó
sacudir el alrededor
y airearlo.
Se me olvidaron arrancar
las malas hierbas
—malezas indeseables—
que sustraían su alimento,
dividiéndolo hasta dejarlo sin nada.
A él, a mi olivo.
Él,
que un día fue fértil y poderoso.
Dando sombra y fruto;
dando brillo, al sol, con sus hojas.
Él,
que creció vigoroso,
aun sin saciar su sed.
Esperando la bendición fresca
y tupida de las nubes.
Podé las ramas.
La luz,
el agua
y el tiempo
se cobijaron dentro.
Gema Albornoz

Esta obra de Gema Albornoz está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://emocionesencadenadas.com/.

P.D.: Este poema lo envié a una convocatoria y fue rechazado. Tras releerlo un par de veces, intenté buscarle todo que pudiera tener para corregir. He hecho alguna modificación muy leve, pero, sinceramente, creo que es muy representativo de lo que mueve y me emociona, de mí. Así que he querido compartirlo con vosotros y que tome nuevas vidas en vuestras interpretaciones. Un abrazo. Gema.

A veces por mucho que se haga no se puede salvar aquello que queremos
Me gustaLe gusta a 1 persona
Así es…pegaría añadir un refrán de esos de toda la vida que apostilla tus palabras, pero ya lo has expresado tú de maravilla.
Gracias por comentar y por tu visita. ☺🎈🎈🎈🎈🎈
Un abrazo.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Gracias a ti, Gema. Un abrazo enorme
Me gustaLe gusta a 1 persona