Nana de guerra-Poesía por Palestina

Lleva días queriendo actualizar la web con mis últimos trabajos y colaboraciones. Comienzo hoy por Poesía por Palestina. Versos contra el genocidio, organizadoen Córdoba por Poetas por el Clima de Córdoba en el Luciana Centeno, y realizado de forma simultánea en más de 30 ciudades, el día 20 enero de 2024. Un acto donde coincidí con amistades como Miguel Antúnez, Juana Castro, José García Obrero, Rafaela Hames, Yaiza Martínez, María José Mures, Elena Román, Cecilia Silveira, Ana Patricia Santaella, Pilar Sanabria o Ángel Pla, entre muchos otros. Os comparto los poemas que recité ese día, dos de poetas palestinas y un inédito propio para la ocasión llamado Nana de guerra.

Fadwa Tuqán, (Nablus, 1 de marzo de 1917 – Nablus, 12 de diciembre de 2003) fue una poeta palestina, conocida en el mundo árabe como la «Poetisa de Palestina». Perteneció al primer grupo de mujeres en el mundo árabe que a mediados del siglo xx empezaron a escribir poesía. Escribió primero poesía tradicional pero con el paso del tiempo se convirtió en una de las pioneras en el uso del verso libre en la poesía árabe. En sus primeros escritos Tuqan -también en la autobiografía que publicará más tarde- habla de su lucha personal como mujer en la sociedad árabe. A partir de 1967 con la ocupación de los territorios palestinos tras la Guerra de los Seis Días su obra se decantó sobre todo por la poesía patriótica y nacionalista. Su trabajo fue reconocido con diversos premios internacionales.

Mi ciudad está triste

El día en que conocimos la muerte y la traición,
se hizo atrás la marea,
las ventanas del cielo se cerraron,
y la ciudad contuvo sus alientos.

El día del repliegue de las olas; el día
en que la pasión abominable se destapara el rostro,
se redujo a cenizas la esperanza,
y mi triste ciudad se asfixió
al tragarse la pena.

Sin ecos y sin rastros,
los niños, las canciones, se perdieron.
Desnuda, con los pies ensangrentados,
la tristeza se arrastra en mi ciudad;
el silencio domina mi ciudad,
un silencio plantado como monte,
oscuro como noche;
un terrible silencio, que transporta
el peso de la muerte y la derrota.

¡Ay, mi triste ciudad enmudecida!
¿Pueden así quemarse los frutos y las mieses,
en tiempo de cosecha?

¡Doloroso final del recorrido!

Suheir Hammad nació en Ammán, Jordania, en 1973 en una familia de refugiados palestinos, y está radicada en Nueva York, donde reside desde su infancia. Escritora, actriz y activista política, es autora de libros como Born Palestinian, Born Black (Harlem River Press, 1996); Zaatar Diva (Cypher Books, 2006) y Breaking Poems (Cypher Books, 2008). Su poesía, sobre la que trabaja también en el aspecto de la puesta en escena y el recitado de viva voz, constituye una exploración sobre la identidad, el exilio, la femineidad y la lengua, en la que se inmiscuyen hechos de la actualidad de nuestro tiempo como el bloqueo de Gaza o los atentados del 11 de septiembre.

Ruptura en racimo

Toda la Historia Sagrada, prohibida.
Libros no escritos predijeron el futuro,
proyectaron el pasado,
pero mi cabeza desenvuelve lo que parece no tener límite,
la violencia creativa del hombre.

¿Qué hijo, el de quién, será?
¿Qué hijo varón perecerá un nuevo día?
La muerte de nuestros niños nos impulsa.
Acariciamos cadáveres.

Lloramos mujeres, es complicado.
A las putas les pegan a diario.
Se obtienen beneficios,
se ignora a los profetas.

Guerra y diente esmaltaron, echaron sal, a infancias de limón.
Todos los colores corren, nadie es firme.
No busques sombra detrás de mí.
La llevo dentro.
Vivo ciclos de luz y oscuridad.

El ritmo es mitad silencio.
Lo veo ahora, nunca fui una y no la otra.
Enfermedad, salud, violencia tierna:
pienso ahora que nunca fui pura.

Antes que forma, fui tormenta, ciega, tonta —aún lo soy.
La Humanidad se contrae ciega, maligna.
Nunca fui pura.
Niña consentida antes de madurar.
El lenguaje no puede reducirme.
Experimento de manera exponencial.
Todo es todo.

Una mujer pierde 15, puede que 20, miembros de su familia.
Una mujer pierde seis.
Una mujer pierde su cabeza.
Una mujer busca en los escombros.
Una mujer se alimenta de basura.
Una mujer se pega un tiro en la cara.
Una mujer le pega un tiro a su marido.
Una mujer se amarra.
Una mujer da a luz a un bebé.
Una mujer da a luz a las fronteras.
Una mujer ya no cree que el amor la encontrará algún día.
Una mujer no lo creyó nunca.

¿Adónde van los corazones de los refugiados?
Rotos, insultados, colocados en un lugar de donde no son,
no quieren que no se les vea.
Enfrentados a la ausencia.

Lloramos al otro o no significamos nada de nada.
Mi espina se curva en espiral.
El precipicio corre hacia y desde los seres humanos.
Dejamos atrás bombas de racimo.

Minas de facto.
Dolor en llamas.
Cosecha de tabaco contaminado.
Cosecha de bombas.
Cosecha de dientes de leche.
Cosecha de palmas, humo.
Cosecha de testigos, humo.
Resoluciones, humo.
Salvación, humo.
Redención, humo.

Respira.
No temas a lo que ha estallado.
Si has de temer, teme a lo que no ha explotado aún.

Inédito propio:

Nana de guerra

El niño que llora

no tiene cuna

señala hacia el cielo

sin estrella alguna.

Cañones, fusiles

y bombas fugaces.

Lanzadas con odio,

las calles de sangre.

La rabia que asoma

se esparce en el suelo

escombros de llantos

y del mundo entero.

Miran a otro lado

porque sus pequeños

reciben al coco

sin gritos de miedo

de sangre y de muerte,

de abismos y de infierno.