La cortina azota el aire.
El viento no quiere doblegarse
sumiso
y altera su curso.
No hay nadie
para atestiguarlo,
excepto mi persona.
Reverencia ante la lucha
que no termina.
A ninguno de los dos
le incomoda mi vigía.
Alcanzo el aire
al correr la cortina.
El paisaje se abre
ante mí,
golpeándome con su imagen.
Gema Albornoz

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Basada en una obra en https://emocionesencadenadas.com/.


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