
Cuando no estoy preparada
me repulsa ver tu nombre.
En mi agenda, una palabra.
Con ella te identifico
aunque hayan pasado
5 horas, 10 días y pico.
Me convenzo, otra vez,
pongo el dedo en el teclado.
Lo borraré al contar diez.
Uno, dos, tres, cuatro,
—tampoco ha pasado tanto—
cinco, seis, siete, ocho,
—ni tampoco lo reprocho—
nueve y diez
—borrarte ahí es una estupidez.
Gema Albornoz

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Basada en una obra en https://emocionesencadenadas.wordpress.com/.

No sirve de nada borrarlo de la agenda , cuando se tiene en la mente.
Un abrazo ❤
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Ante eso no hay mucho que decir ¿verdad?
Un abrazo. 🙂
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Ufff…cuanto más intentamos olvidar…llega la obsesión con sus patitas…
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Jajaja. Me hizo gracia eso de la obsesión con sus patitas… Es cierto, cobra vida propia la muy listilla.
Un abrazo, Natalia.
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